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Mostrando entradas de enero, 2018

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NO HAY CASO. No me gusta esa especie de catalejo diabólico. Te captura el alma, ¿sabes? En serio, está más que confirmado. Te captura el alma y empiezas a morir deprisa. Más de lo normal. Por el bien de todos, espero que ese microscopio diabólico no prospere. ¿Te imaginas si en el futuro esto se masifica? ¡La humanidad va a desaparecer! Vamos a quedar atrapados en un papel y Dios, quién sabe cómo, tendrá que ingeniárselas para resucitarnos. Y quizás ni lo haga, por habernos entregado a estos avances científicos que solo traen desgracias.
Camina, hermana, no mires atrás. Vamos.
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Fin de fiesta

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DE UN TIEMPO a esta parte (perdí la cuenta), a unos vecinos les ha dado por enfiestarse cada día. No respetan ni los domingos, con esto creo resumirlo todo. Eso, hasta que hubo, minutos atrás, una balacera. No sé si los mataron o se mataron entre ellos. Tendrá que resolverlo carabineros, la policía de investigaciones, los fiscales, los cotilleos.
Yo llamaría a una ambulancia, ¡pero estoy tan a gusto ahora! Siento que en el mundo no vuela ni una mosca. Tranquilo, ha pasado un buen rato, de seguro otro ya lo hizo. Y si no, no lo culpo.
Buenas noches.

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El guapo

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ACTUALIZO mi perfil con las fotos de un primo. Tras su imagen me escondo. Pero ojo, que se esconde un buen tipo: conversador y receptivo, tierno, incluso misterioso; impredecible. Soy algo así como un osito de peluche pero con navaja. Cualidades como esas creí que habían conquistado a la niña con la que chateo.
Erré olímpicamente.
En nuestra cita me quedó claro. Ella esperaba al modelo de las instantáneas.
Ahora vamos rumbo a ver a mi primo. Ella, porque lo quiere conocer. Al parecer la tiene enamorada. Y yo, porque le quiero preguntar cuál fue su secreto. Cómo lo logró.
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Las posturas

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EL MENDIGO va camino a ese restorán que tira lo que sobra del día a la calle. Esta vez, cuando llega, encuentra a un ambientalista discutiendo con el dueño del recinto, acusándolo de ser un desalmado. “Porque únicamente un desalmado puede desechar alimento mientras miles pasan hambre”.  Solo están estos tres y un perro que ladra rabioso.
“¡Usted no entiende!”, le grita el mendigo al ambientalista para después empujarlo, muriendo instantáneamente.  “Don Alberto, él no entiende. Usted no es un desalmado”, dice ahora el mendigo, esperando ser recompensado con el doble de desperdicios de comida entre tanta tanta tanta comida.
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