miércoles, 15 de julio de 2020

Todavía nunca

-Hay que abrir los ojos.
-Sí, hay que abrir los ojos.
-Ya es hora.
-Es cierto. Igual en algún momento tenía que pasar.
-No te lo discuto.
-Ya pues, abre los ojos.
-¿Y yo primero? Los abro si tú los abres.
-Bueno, los dos al mismo tiempo, ¿vale?
-Nos parecemos a esos que se llaman por teléfono y están con ”corta tú, no, tú”.
-Verdad, le damos muchas vueltas.
-¡Oye, no me levantes los párpados!
-¡Es que no abres nunca los ojos!
-Y tú tampoco.
-Pero hay que hacerlo.
-Sí, hay que hacerlo.

...Pero somos obstinados. Y nos seguimos soñando.

viernes, 10 de julio de 2020

Primera cita

Y se rascaba el brazo. Hasta que se le cayó. Sí, se le cayó el brazo. Quizás estaba muy nerviosa la pobre. “¿No te importa que sea manca?”, me preguntó. “¿Y a ti no te importa que tenga un ojo falso?”, le respondí. Y hundí los dedos en mi cuenca y me lo saqué. Sí, me saqué el ojo. Y ya que estábamos en eso, ella se retiró sus pestañas postizas y yo mi peluca. Y nos fuimos despojando de adornos hasta que finalmente quedamos reducidos a dos niños libres, sin miedos ni complejos. Y nos empezamos a querer mejor.

martes, 30 de junio de 2020

AntiCuentoDeHadas (2)

-¡Vamos, enfréntame, escupe tu fuego! -le dijo al dragón apuntándole con la espada.
-No vale la pena. La conozco: es jodida. Sola, vieja y jodida. A ver, muéstreme las uñas... Muy largas: con imperfecciones así, ella no se enamora. Y aunque ponga el mundo a sus pies, va a arreglárselas para quejarse. De cualquier cosita hace un infierno. Varios príncipes la han traído de vuelta incluso el mismo día que la rescataron ¿y usted pretende ser la excepción? Por eso no vale la pena.
-Pero quizás yo tenga la llave que abra su corazón a…
-Amigo, no vale la pena.

lunes, 29 de junio de 2020

Ya me irá mejor

Se sentó en el césped y al frente, un trébol de cuatro hojas. Eugenio, que no era supersticioso, se obligó a valorar este hallazgo cotidiano, fugaz, diminuto, como una respuesta inequívoca de la generosidad inacabable del universo (era eso o suicidarse). Entonces lo atesoró. “Ya me irá mejor”. Apostó su corazón en ello. Pero no. Cada día fue peor. Y sin embargo, “ya me irá mejor”. Hasta que una noche lo apuñalaron para robarle la billetera.

Un consuelo que nos alegrará a todos, es que Eugenio no perdió nunca la esperanza: cerró los ojos creyendo que despertaría en el hospital.

lunes, 1 de junio de 2020

Coronavirus: Los injustos

Fumo desde los 14 años. No sé si se me ha ido más plata en eso o en cocaína: por eso opté por pasta base, un derivado más económico pero también más adictivo. Destructivo, maligno. Como la heroína, que nunca me inyecté pero supongo induce a sensaciones que te atontan parecidas al medicamento que tomo para controlar mi ansiedad. En este punto encuentro más efectiva la marihuana. Por sobre todo “sana” mientras no sea un porro.

La buena noticia es que gracias al coronavirus, por fin aprendí a valorar mi salud: cuando salgo de casa a comprar cigarros, uso mascarilla.