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Mostrando entradas de julio, 2016

Metafórica y literalmente

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LA MUJER lo interrumpió: "Roberto, sé que te lo he dicho mil veces, pero vale la pena recordártelo:  yo ya no te amo... Aunque igualmente me voy a volver acostar contigo". 

El hombre se aflojó la corbata, se levantó del sofá y se fue, en silencio, al dormitorio. Ella se tomó rápidamente lo que le quedaba de vino. Luego se llevó las manos al cuello y, en un movimiento brusco pero indoloro, se sacó la cabeza. 

Fue así que mientras su cuerpo tenía sexo con su ex, su cabeza, sobre la mesa del comedor, pensaba en un compañero de trabajo.

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Viernes por la tarde

SE ENCONTRARON de casualidad en el metro. Él iba apurado a alguna parte, y ella venía cansada de algún lugar. Aun así se dieron el tiempo para saludarse. Años que no se veían, y tenían muchas cosas por decirse: proyectos, viajes, trabajos, en fin; lo necesario para ponerse al día. Nada muy personal. Caminaron a paso lento hasta la salida de la estación. Y frente a la escalera donde cada uno tomaría direcciones opuestas, y antes de despedirse, él le preguntó ¿tú todavía me amas? No, le respondió ella. Y de su boca, en ese momento, salió volando una mariposa.

Razones para desvariar

TOMÉ tanto, que finalmente una noche me quedé ebrio para siempre. En un perpetuo estado de sopor, risueño y somnoliento. Y déjenme decirles; ahora soy feliz. Siento que conseguí mi objetivo y me veo en la cúspide de la realización humana. De pronto todo tiene sentido, y si no, qué más da: borracho como estoy, me importa un carajo. Por fin le declaré mi amor a un par de mujeres imposibles, me creo poeta y todavía mejor cantante. Ah, y también bailarín. Y se los voy a demostrar. Pero ténganme paciencia, que llevo años intentando pararme de esta maldita silla.

El corazón

EN UNA esquina abandonada me encontré un corazón. Cuando me acerqué para levantarlo, otra mano se posó sobre él: una de mujer. Ella me aseguró que lo había visto primero. Yo en cambio no le di explicaciones y concentré mis energías en arrebatárselo. De ahí en más gritos y patadas se sucedieron entre ambos. Y el corazón latiendo entre nuestros dedos. Finalmente lo solté. Con el impulso la mujer cayó de espaldas, pero se levantó rápido y se alejó llorando. Preferí que ganara porque tenía razón: ella lo había visto primero. Además de seguro se sentía más sola que yo.

Son los duendes

ENTRAN a hurtadillas o echándonos conjuros para hacernos dormir. No sé. La cosa es que ni cuenta nos damos y desaparecen llaves, libros y documentos. En mi caso, se han empeñado en robarse tus cartas, fotografías y  regalos. No hay rastro de ti en esta casa, y lentamente, tampoco en mi corazón: es que últimamente les ha dado por llevarse también mis recuerdos contigo.
Son los duendes. Es lógico.
Tú dices que las cosas se pierden solo porque sí. Que el amor, que lo vivido se pierde solo porque sí. Eso yo no me lo creo. No es tan fácil.

Miedo, terror atávico

CADA noche, cuando apago la luz del dormitorio, distingo una figura humana, de pie, junto a la puerta. Es una sombra más oscura que la propia oscuridad. Como soy escéptico, en vez de hablarlo con un espiritista o sacerdote, se lo comenté a un psiquiatra. 

"¡Por fin! -gritó-. Pensé que era el único. Yo también la veo". Apagó la luz de la oficina y en una esquina, una sombra. "Estas apariciones nos van a terminar volviendo locos -me dijo-. ¿Qué le parece si se queda conmigo y nos hacemos compañía con la luz prendida para siempre?".
Acepté más que encantado.