11 septiembre 2020

Re-cordis

A sus 79 años, volvió a buscarla. Y no porque haya resurgido la pasión o la culpa: esas cosas las durmió el tiempo. Si la buscó, hasta encontrarla en un asilo de ancianos, fue para regalarle las cartas de amor que se escribieron hace seis décadas; las que encomendó a un enfermero para que se las entregase. Él ya comenzaba a manifestar síntomas de alzhéimer, y prefirió que la historia de ambos continuara viva en ella.

Desde entonces la mujer lee un trocito de esas cartas cada noche, preguntándose quién fue ese hombre que la quiso tanto en su juventud.

10 septiembre 2020

Maya

Hola, Maya. ¿Te conté? Poco después de que decidiste terminar nuestra relación (disculpa que te saque el tema otra vez), adopté a una perrita. Es un amor. Y como sé que nunca la verás, te lo cuento aunque no te interese. Es una quiltra con quien bailo reggaetón, comemos muchas galletas y nos dormimos con la tele prendida. Me recuerda a ti, a nosotros... Pero ahora supongo que le mueves la cola a otro.

Me frustra saber que entre tú y yo algo quedó pendiente.

Por eso a la perra le puse tu nombre y le pego todos los días.

03 septiembre 2020

Coronavirus: Filas, filas, filas

Esta es la fila para empezar a leer. Avanza rápido, aunque depende de qué tanto le intrigue el texto al inicio. Siga a la cola, por favor. Pero respete la distancia, no se exponga. ¿Le interesa? Entonces cámbiese para acá. Se viene el nudo literario. ¿O creía que una sola fila serviría para todo el trámite? Estamos en pandemia, debemos hacer distintas filas. Y este microrrelato no se salva. Ya, aquí el desenlace. Antes, déjeme tomarle la temperatura. Muéstreme su permiso para circular. Acomódese bien la mascarilla o no pasa, y quedará con las ganas de saber cómo termina esto.

02 septiembre 2020

¡Aleluya!

Antes anochecía, ahora aborrezco asirme a apegos añejos; asesinos alertados atacando ánimos atormentados. Antes anochecía, ahora atribuyo a algo ameno algunas aventuras amargas anteriormente ambiguas, aunque altamente ardientes. Antes anochecía, ahora atesoro anticuadas añoranzas apenas agazapadas al amparo azul alunado al amanecer. Antes anochecía, ahora aturdido admiro a aves aleteando azarosas, animosas, al alero aparecido ante alguna avalancha amenazante. Antes anochecía, ahora algarabía. Alas alzadas alargan al alma a antiguas auroras. Alucinado, anido ahí. Autoestima alta al alba. Antes, anónimo, anochecía. Ahora alumbro. Antes asustado. Ahora audaz. Anhelo aplacar ansias aceleradas; adormecerlas, acallarlas, adoctrinarlas. Antes anochecía, ahora ámote alocadamente.

Amén.