jueves, 27 de agosto de 2020

Por amor (al arte)

Después de mucho, vuelvo a escribir un poema. En blanco. La página se cansa, se aburre, renuncia. ¡Ah, pero aquí viene una idea buena! Entonces agarro la hoja por la nieve o por la nube; se escurre. No me cree. Tiene la cola de una sirena y nada, nada ahora. Es que el primer verso no empezó muy creativo: “Tus piernas son como la luna pero con forma de piernas”. Te digo a ti: dame tiempo y lo mejoro. Más tiempo de luna a tu lado. Más tiempo de tus piernas. Hasta que olvidemos preguntarnos cuánto tiempo es más tiempo.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Disculpe, ¿usted sabe dónde está...?

“Siga por esta calle, doble en la siguiente, avance diagonalmente hasta la cóncava convexa. Cruce. Hay un puente pero no hay un puente. Devuélvase caminando siempre de frente. A veces se pasea un unicornio. Si lo encuentra, seguro llegó”.

Poco sé de la vida, menos entonces sobre esta ciudad. Y así, entrego direcciones inexactas cuando alguien me para por ahí y me pregunta por tal o cual lugar.

Un día, todas esas personas llegaron a mi casa:

-Cada dirección que nos diste nos trajo hasta aquí -dijo una de ellas.
-¿Y por qué? -respondí.
-Porque seguimos tan perdidos como tú.

sábado, 22 de agosto de 2020

AntiCuentoDeHadas (3)

Ilusionado, le dedicó un microrrelato fantástico sobre viajes, búsquedas y guerras. Travesía dolorosa pero romántica que trae recompensa, una moraleja que eduque, los deslumbre por siempre. A las puertas del castillo, la salva del dragón que la custodia, rompe todos los hechizos habidos y por haber, y se casan. Le manda el texto por correo. Ella responde: “Muchas gracias, pero soy una mujer empoderada y no necesito el rescate de nadie, yo puedo sola”.

Años después, al rememorar lo escrito, ella cierra los ojos y llora porque cree perdida su oportunidad. Él también llora, porque no cree tener ninguna esperanza.

jueves, 20 de agosto de 2020

Ahora sí que sí

“Es hoy. ¿Por qué no? ¡Ya, basta! Menos preguntas se hace una tortuga y algunas viven, quizás por lo mismo, hasta 200 años. Yo no llegaré ni a la mitad y he dejado pasar, con pesar, ocasiones más que justificadas para destapar esta botella; regalo de mi papá. La próxima vez será, ¿pero cuándo? Y mientras el vino mejora con la espera, yo me voy degradando ¡Da igual! Inventaré un motivo... El atardecer. Voy a brindar por él. ¡Ah, pero me falta algo para picotear! Es eso y listo. Lo último para ser feliz”.

Salió a comprar y lo atropellaron.

domingo, 9 de agosto de 2020

Lo lamento

En mi pueblo hay un puente casi abandonado conocido como “Puente del Lamento”, lugar donde concurren fracasados a reflexionar o suicidarse. Hace semanas lo visito. Me gustaba su paz. El sonido inalterablemente sereno del arroyo. La luz amable del mediodía filtrándose entre el follaje.

Me gustaba, hasta que vi a un tipo enterrando varios cadáveres. Lo reconocí. Es mi vecino. Lo podría denunciar pero para eso, primero, tendría que confesar que he estado frecuentando el Puente del Lamento. Esto daría pie para que más de alguien sospeche que mi vida no es feliz ni perfecta. Y me da vergüenza admitirlo.

viernes, 7 de agosto de 2020

Maneras de sanar un corazón

Tras revisar cada examen, el cardiólogo tiene la receta exacta que administrar ante un infarto, una arritmia, una insuficiencia, cualquier complicación propia del corazón. Pero eso no le basta. Aparte de la prescripción, el cardiólogo intuye que hay un problema de fondo que aqueja al doliente. Entonces, dejando de lado la ciencia, toma entre sus manos las manos del convaleciente y le dice: “Cuénteme cuál es su pena”. El paciente se molesta, cree que el doctor es un incompetente, un chismoso, y sin embargo cuando llega la hora de despedirse lo hace con una sonrisa a pesar de las lágrimas.

Para ti, que solo te falta ser cardióloga
para entender las cosas del corazón como nadie