viernes, 7 de septiembre de 2018

¡PLOP!

Es más baja que yo, por lo que cuando se coloca de espalda se para en puntillas: solo así logra acomodar su trasero contra mi paquete. Lo menea circularmente, mientras yo me voy endureciendo. Esto la humedece y se nota. Lo confirma su entrepierna caliente cuando se la manoseo. Y los pasajeros del metro, como avestruces, con las cabezas enterradas en sus teléfonos.

Un mes llevamos en este idilio cada vez que coincidimos en la estación. Sin mediar palabras, sin siquiera conocernos.

Hoy nació algo diferente: a su oído susurré “te quiero”. Ella se giró, me cacheteó y gritó “¡¡¡insolente!!!”.

14 comentarios:

  1. No sé quién le había dado permiso para romanticismos. A la gente le dan el culo y se quiere tomar el corazón.
    Buenísimo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. No es bueno confundir la velocidad con el tocino...Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Por un vulgar meneo ya pretenden un todo, es que no hay maneras.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Hola Julio, es que calladito se esta mejor jeje

    Besos.

    ResponderEliminar
  5. Muy bueno. En realidad eran la horma para el zapato, vaya ganas de romper la magia de ser desconocidos :-)

    Me ha encantado. Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Claro no es lo mismo y vienen las complicaciones....

    ResponderEliminar
  7. Genial en su conjunto el micro relato Julio David, me encanta cuando dices que "los pasajeros como avestruces con sus cabezas enterradas en los móviles " es una frase demoledora.,
    Les hubiera sido mejor seguir en el anonimato restregándose jejeje.
    Un abrazo y un aplauso.
    Puri

    ResponderEliminar
  8. Me imagino ese jueguecito en el subte de Buenos Aires en hora punta...
    😊😊😊

    ResponderEliminar
  9. Un giro de tuerca por el frente más bochorno, aunque húmedo. No, en serio:A veces el problema no es lo que uno piensa, sino la forma en que lo piensa.
    Un abrazo queda aquí.

    ResponderEliminar
  10. Hoy parece que se han invertido los papeles y las mujeres somos menos románticas y más de vivir el momento.
    En un subte puede llegar a ocurrir de todo sin que nadie se entere ni saque su nariz del teléfono móvil.
    Un abrazo, Julio.

    ResponderEliminar
  11. Se lo tiene merecido, ¿cómo va arruinar de esa manera el juego?

    Saludos,

    J.

    ResponderEliminar
  12. ¿Cómo se le ocurre? Mezclar sentimientos, pfff...
    Muy bueno, Julio David.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Como usuaria habitual de metro alguna vez me ha tocado vivir un "romance" parecido al que relatas, aunque no tan tórrido.
    Son relaciones esporádicas breves pero intensas (y no muy deseadas en mi caso, la verdad), ja, ja, ja.
    Original relato el tuyo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  14. Calladito mucho mejor...

    ResponderEliminar