domingo, 23 de septiembre de 2018

Eso que se calla

MINUTOS antes de que papá volviera del trabajo, a mi mamá la invadía una pena negra. Incontrolable. Para llorar sin ser recriminada, pelaba y cortaba cebollas. Tras esas hortalizas camuflaba su dolor, la impotencia. Papá, así, jamás sospechó tormento alguno en sus lágrimas ni mostró interés que comiéramos la misma ensalada a diario.

Una tarde nos quedamos sin cebollas. Mandé a mi hermana por una, mientras yo subía a su dormitorio para despertarla. “¡Mamá, mamita!”, mi angustia se hacía creciente. La moví, la enderecé, pero no hubo caso: el vino fue demasiado.

Cuando llegó papá, con mi hermanita cortábamos cebolla.

Imagen © Fuente

16 comentarios:

  1. Una herencia inmerecida.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Es mejor desahogar la pena que se lleva dentro, aunque a veces no se puede, y en este caso, la mamá se llenaba de vino para olvidar ese vacío tan grande.

    Un placer leerte.

    Un beso enorme.

    ResponderEliminar
  3. Muy bien llevado. Sin saber si esa mamá despertará o seguirá huida de la realidad para siempre, el uso de la cebolla como disimulo del llanto, si es a diario, es malo para la salud :-)

    Perfecto trazado de la historia, en voz infantil. Muy bueno. Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Hola Julio, una pena y cuantas se habrán escondido con los efectos de esas hortalizas.

    Besos.

    ResponderEliminar
  5. Las cebollas camuflaban el dolor, el vino mitiga las penas. Una familia que respira amargura. Es preferible lo de "contigo pan y cebolla".
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Nunca hubiese pensado que picar una cebolla pudiese ser un método para aliviar el dolor... Me han dado ganas de llorar, y eso que aún no son horas de preparar la comida.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  7. Qué triste y doloroso micro, Julio David.
    Rompe el alma solo con leerlo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Los niños hacen lo que aprenden. Qué fantástico Julio.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  9. Qué provocaría ese hombre en la madre que su regreso la llevaba a ese llanto que trataba de disimular con las cebollas.
    Buenísimo y muy triste.
    Un abrazo, Julio.

    ResponderEliminar
  10. Hola David , que desesperada decía de estar la pobre mujer , para hacer lo de las cebollas , un buen relato te deseo una feliz semana besos de flor.

    ResponderEliminar
  11. Jo... qué triste... ufffffff

    ResponderEliminar
  12. Luego vendrá el vino. Hay costumbres que no deberían heredarse.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Un excelente relato. Con ese fondo de realismo que has sabido transmitir.

    Abrazos Julio.

    ResponderEliminar
  14. Tierno y triste. Saludos

    ResponderEliminar
  15. Tremendo, Julio. Pero muy hermoso visualmente, y trágico y triste en su contenido. Muy bueno.

    Un beso,

    ResponderEliminar