lunes, 8 de enero de 2018

Las posturas


EL MENDIGO va camino a ese restorán que tira lo que sobra del día a la calle. Esta vez, cuando llega, encuentra a un ambientalista discutiendo con el dueño del recinto, acusándolo de ser un desalmado. “Porque únicamente un desalmado puede desechar alimento mientras miles pasan hambre”.  Solo están estos tres y un perro que ladra rabioso.

“¡Usted no entiende!”, le grita el mendigo al ambientalista para después empujarlo, muriendo instantáneamente.  “Don Alberto, él no entiende. Usted no es un desalmado”, dice ahora el mendigo, esperando ser recompensado con el doble de desperdicios de comida entre tanta tanta tanta comida.

Imagen © Fuente

14 comentarios:

  1. Estamos locos.
    Todos.
    A Dios se le fue la mano...

    Saludos.

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  2. Esos residuos, tanto y tanto desecho que bien pudiera ser reutilizado son el paradigma de este primer mundo, consumista y abyecto. El mendigo que espera ganar más cuota de comida desechada, tal vez sí entiende, o simplemente busca su provecho

    Muy duro el texto, y realista, perro incluido. Un abrazo

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  3. Muy duro y muy real.
    Saludos.

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  4. Siento una pena terrible cada vez que voy a algún restaurante y veo toda la comida que se tira a la basura. Un puro vicio del que algunos ingenuamente se benefician.
    Un abrazo.

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  5. Me resulta muy inquietante tu relato.

    El perro sólo quiere dejar claro que eligirá lo que la plazca, que para eso es un salvaje y tiene unos dientes que asustan, aunque si ladra tanto es porque teme la patada del mendigo si eligen el mismo desecho...

    El idealista trata de mover conciencias. Qué incómoda es la verdad sin más. El mendigo sólo quiere asegurarse que ningún discurso le va a dejar sin su ración de miseria, que a eso ya se adaptó.

    Como dice, Toro, estamos todos locos, y aquí se le fue la mano ya a todo dios.

    Tienes talento para inquietar con brevedad y sin cargar las tintas, Julio. Pura ironía o mala leche, que decimos por acá.

    Un placer leerte. Besos,

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  6. Una realidad dolorosa que ni el mendigo quiere cambiar. Y los que tratan de hacer algo mueren o son ignorados.
    ¡Muy bueno, Julio!
    Un abrazo.

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  7. Como la vida misma.
    Saludos.

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  8. Qué triste es que mientras unos pasan hambre otros lo tiran.

    Como bien dice Macondo que le tengo aquí arriba y me perdone que le robo sus palabras, pero así es como bien dice: ***como la vida misma***.

    Besos y besos perlados.

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  9. Si es lo que yo digo: los ambientalistas están muy mal vistos. Mira, si no, los de Greenpeace, que más de una vez han estado a punto de diñarla en medio del mar, para dar de comer a los peces.
    Un abrazo.

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  10. A veces las buenas intenciones se topan con reglamentos sanitarios que no permiten regalar comida. No es tan fácil ser generoso. Preguntad en restaurantes o supermercados aquí en España.

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  11. Un micro durísimo con una carga de profundidad tremenda. Por un lado el conformismo del mendigo, acostumbrado a que las cosas son como son y que cualquier cambio podría ser peor. Ese ambientalista, un buenista, con grandes y justas ideas, pero ya sabemos que las ideas no alimentan el estómago. Gran micro, Julio David.

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  12. Tremenda imagen y tremenda denuncia... Realmente impactante todo

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  13. Un reflejo de la vida misma, unos tiran y otros recogen . Duele leer estas cosas tan reales, y que circunstancias como estas continúen sucediendo en el siglo que estamos es terrible.
    La dualidad entre ambos personajes hace pensar. El mendigo mendiga lo que le corresponde y el ambientalista cree que con palabras se arreglan las cosas.
    Un saludo Julio David
    Puri

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  14. Esa es la sociedad en la que vivimos. Muy buen relato

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