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Mostrando entradas de agosto, 2017

¡Feliz cumpleaños!

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PRIMERO el Big Bang, y luego, con el tiempo, todas las cosas existentes, en todas sus expresiones posibles, se han valido de este mismo origen para llegar a ser. Eres el resultado de un proceso cósmico que ha transitado, hasta llegar hoy, por movimientos, contenidos y formas. La energía y la materia de tu cuerpo ya se encontraban en ese punto singular del universo, del tamaño de un latido, cuando este inició su expansión. Olvídate de tu edad. Durante 14 mil millones de años has nacido miles de veces. O quizás naciste una vez, hace 14 mil millones de años. 

Canción "Infinito" - Sergio Lagos
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El círculo de la violencia

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EL HOMBRE arremete contra la mujer, la mujer contra los niños y los niños entre sí; cobardemente inclinándonos al que consideramos más débil para descargar nuestro temor, la frustración, el hastío. Si Magdalena hubiese tenido una mascota, ciertamente hubiera hecho con ella lo que hacía con su muñeca: ahorcarla, quemarla, maldecirla, cada vez que la madre la golpeaba.
Sin embargo, y estando incluso malherida, la muñeca también tenía con quién desquitarse. Y eligió bien: el padre de Magdalena, el primer victimario, una madrugada despertó entre gritos, salió corriendo y no volvió más. A su paso los perros le ladraron aterrorizados.

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Carta desde el futuro: cambio climático (4)

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AHORA que los polos se derriten y el mar incrementa su nivel, cientos de monstruos han sido arrastrados desde el fondo de los océanos hasta las costas. Kraken, Leviatán, Ryujin, son los más inusuales y apetecidos. En cambio las sirenas abundan. Cada casa tiene una, como quien tiene de mascota a un perro. La mayoría son diminutas, y caben en una pecera. Pero el mar también ha expulsado cuestiones todavía más insólitas y horrorosas. La otra vez, sobre la espuma, flotaba un diario antiguo en cuyo encabezado un presidente decía no creer en el cambio climático. ¡¿Alguien lo puede imaginar?!

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¡Ay, amor!

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ANTES era tan fácil como respirar: entrar en tu sexo, lamértelo, acariciarlo. Hoy, me da vergüenza hasta mirarte a los ojos. El solo pensar en saludarte me sonroja. Por eso no te dije nada cuando cruzaste inoportunamente. Esa discusión la teníamos siempre. Yo te decía: "Mira los semáforos". Te lo repetí tantas veces como tantas veces te dije “te quiero”. Y creo que las dos cosas las olvidaste. Ahí tienes: te atropellaron. Yo pude haber gritado tu nombre, salvarte, ¡ay, amor!, pero después ¿qué? Nos tendríamos que haber puesto a conversar, ponernos al día, y no estoy preparado para eso.

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