lunes, 28 de marzo de 2016

El gran contexto

Una tarde de domingo, en casa, mirando por la ventana las luces recién encendidas de una calle sin transeúntes; calle que parece conducir a ningún lado en un barrio gélido y silencioso. A veces, en alguna parte, unos ladridos. El mundo parece multiplicarse en plazas abandonadas, portones y puertas: todas cerradas. Y más allá, sistemas y galaxias: un universo infinito en permanente expansión, el que no alberga más vida que este ínfimo y perdido planeta de cementerios y páramos, en donde una mujer (una tarde de domingo, en casa, mirando por la ventana), no quiere aceptar que se siente sola.

domingo, 27 de marzo de 2016

De sueño y de ficción

Me pregunto ¿quién es esta mujer que vi por primera vez en una oficina y que hoy comparte mi cama? Este momento jamás podría haberlo adivinado. Como tampoco podría adivinar a qué futuro nos lleva este presente, el cual me parece tan mágico como melancólico. Porque tu cuerpo, al que penetré, y que continúa en íntima conexión abrazado al mío, es el mismo que luego perderé entre la gente cuando despiertes y te vayas. Mientras yo me quedaré pensando si en verdad te soñé o te imaginé, porque el amor pareciera que estuviera hecho solo de sueño y de ficción.

jueves, 24 de marzo de 2016

No tiene corazón

La niña que tanto amo no tiene corazón. No porque sea mala o fría, sino porque realmente hay un agujero en su pecho por donde se le escapa. Y yo, como lo quiero para mí, voy siempre en su búsqueda, encontrándolo en parques, bares, cines; en todos los lugares por donde paseó prometiéndose amor eterno con su ex. Ella dice que su ausencia no es relevante, porque el corazón solo estorba y da problemas. Y me tranquiliza asegurándome que igualmente me quiere. Sabe bien que con un “te quiero” suyo me basta para contentarme: aunque no lo diga de corazón.

lunes, 21 de marzo de 2016

Equinoccio, o la ecuanimidad del tiempo

Con la llegada de la primavera, el poema de amor de una escritora floreció. Y de una minúscula secuoya, alzó el vuelo una bandada de pájaros multicolores, los que migraron, perdidos todo un verano, en busca del nido del corazón de algún destinatario. Mas sin encontrarlo, con la llegada del otoño, marchitaron y devinieron en hojas secas, que el viento alzó en vuelo por callejones sombríos. La escritora que paseaba por ahí, tomó una de éstas y la usó como separador en su diario de vida; cuaderno en donde habla sobre cosas que nacen, florecen y transmutan según la estación.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Las jirafas

-Amor, ¿en qué estás pensando?
-En las jirafas.
-¿De verdad?
-Sí, pienso que con ese cuello tan largo que tienen, deben ser animales muy juiciosos: con el corazón y la cabeza tan distantes, no alcanzan a enredar los sentimientos con la razón. En cambio en nosotros, las ideas del corazón y la cabeza se sobreponen, y a veces no sabes lo que es real y no, lo que es posible y no.
-¿Por qué dirán que el corazón piensa, cuándo no es así?
-Porque no somos jirafas. Para mí el corazón piensa, y él piensa que tú estás conmigo, ahora.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Acaba un ciclo

Hacia el final del pasillo, mi abuela agoniza en cama.

No creo que sea normal. A donde voy, hay un ambiente extraño. Deambulo con temor, entre sombras que se alargan excesivamente al atardecer, con la sensación de que el invierno siempre está por comenzar: el frío, cuánto frío. Y la rapidez con que se cubren de polvo los muebles, y las telarañas que aparecen repentinamente, y el infatigable crujir de la madera a toda hora, no, no es normal: la casa va muriendo con mi abuela. Lo supe cuando, paseando por el jardín, sentí pena por la flor de cerezo. 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Lecciones cotidianas

El respetado hombre gris de la gran maleta era un ser complejo. Prefería cruzar la avenida innecesariamente cada mañana camino a su trabajo, con tal de evitar encontrarse con un mendigo. Le incomodaba el tener que pasar a su lado sabiendo que no le daría ni la más irrisoria de las limosnas. Y como la apariencia lo es todo, antes de quedar como egoísta optaba darse la molestia de cambiar de rumbo. Qué ridículo. Cuando le comentaron que aquel mendigo era ciego, no hizo más que llorar. Lo supo poco después de que lo atropellaran cuando cruzó la avenida innecesariamente.