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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Un amor al paso

CADA noche una mujer atraviesa mi casa por dentro. Disculpándose, me afirma que este es su camino hacia el trabajo, y que no quiere tomar otras vías porque esta es la única que conoce. Lo cierto, es que con el tiempo me he ido acostumbrando a su seductora presencia, por lo que a veces le pido que haga una pausa para conversar y conocernos; beber, reír, olvidarnos del mundo.
Hoy la esperaba con una cena, pero no ha llegado. Tal vez haya encontrado un atajo, o la hayan despedido de su trabajo, o haya vuelto al sueño del cual salió.

El cómplice del asesinato

LIMPIÓ el cuchillo y lo volvió a guardar entre las cucharas y tenedores.
Una semana después, en medio de una fiesta que organizó en su casa y producto de la fatiga, se dirigió a la cocina, tomó el mismo cuchillo y, mientras cortaba el pan, comenzaron a brotar litros de sangre: efectivamente el cuchillo se había vuelto en su contra, ¡lo estaba delatando! Acorralado, se abrió las venas para poder justificar así, ante sus invitados, ese charco rojo que se expandía a sus pies. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, dijo que había sido un accidente.
Murió desangrado.

Momentos vividos

ERA mi última vez en esa casa y, aunque nunca más iba a volver, preferí no despedirme: no salían las palabras. Mi papá dormitaba en el sofá con la televisión encendida. Toqué su hombro no para despertarlo, sino para sentirlo. Me acerqué a mi mamá y, por primera vez, la acompañé a la mesa mientras arreglaba, como orfebre, sus pulseras, y lloré. Por detrás pasó mi hermano con dirección a la calle. Lo seguí, y fue entonces que el nuevo propietario me detuvo y me extendió el paraguas, porque afuera llovía tal como cuando mi familia y yo vivíamos ahí.

Gigantes

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PAPÁ me dijo que las norias en los parques de atracciones podían ser robadas por un gigante para armarse bicicletas. Por eso cuando nos subíamos a una, me pedía que no gritara para no alertarle sobre nuestra ubicación. Así, conteniendo el terror, superé el miedo a las alturas.
Hoy voy a hacer lo contrario y voy alertar al gigante sobre mi ubicación, por lo cual desarmaré la vieja bicicleta y colocaré sus ruedas afuera de mi casa, para cuando las encuentre me diga: “Hijo, me las llevo para ponerme a pedalear en el cielo”, o donde sea que esté ahora. 

Imagen © Fuente

Las repercusiones del desamor

LA ROSA se negaba a morir: tenía rabia. Había sido regalada con devoción ardiente, en una época diáfana donde todo parecía posible. Sin embargo su destinataria (aún teniéndole cariño) ya no la consideraba crucial para su vida, por lo que la acomodó entre las páginas de un libro y la olvidó. Pocas semanas después el ambiente se impregnó de un olor a vainilla, y no demoró en comprobar que el libro había envejecido y marchitado: menos la rosa. Y donde ponía la rosa, el lugar se marchitaba. Entonces la enterró en el jardín y la casa se hundió con ella.

No hay mal que por bien no venga

CUANDO vuelve a casa llega relatándome historias imposibles, muy propias de alguien con una imaginación privilegiada. Y esto no es lo más extraño. Ayer volvió de jugar, y me dijo “cierra los ojos y estira las manos”. Sobre ellas depositó un frasco que en su interior contenía un trozo de arcoíris. “Lo capturé yo solito”, dijo con gran sonrisa. Para la navidad decoró nuestra casa con luciérnagas; lo he visto montado sobre una nube planear por el jardín; y darle vida, con sus amiguitos, a pájaros hechos de madera. Creo que hice bien con castigarlo sin internet, televisión ni consolas. 
Microrrelato N° 100

Hostiles

TRAS HABER alcanzado los casi 20 mil millones de kilómetros del planeta Tierra, la sonda Voyager 1, lanzada en 1977 y cuyo fin tenía viajar por el universo para dar aviso a civilizaciones extraterrestres sobre nuestra existencia, se desprogramó y, en un hecho insólito, inició su recorrido de vuelta. Los gobiernos callaron suponiendo que se trataba de un error informático, pero cuando ya se hizo evidente, las alarmas se encendieron. El morbo, la expectación se apoderó de la humanidad. Finalmente el 2056 la sonda cayó en la Isla de Pascua. En ella venía grabado, en 56 idiomas, “No nos contacten”. 

Disco de oro de las Voyager

Una rosa sobre el cuaderno

AL MES DE HABER desaparecido su hija, los padres dejaron de buscarla. Esta decisión obedecía al deseo de embellecer el incierto destino de la persona más querida. ¿Para qué encontrarla, a riesgo de saber que fue asesinada y quizás bajo qué inhumanas condiciones? Es por esto que, cada semana, los padres escribían una historia donde situaban a su hija en aventuras exóticas por el mundo, bella, contenta, plena de aprendizajes y romances de película. Porque “ese es el fin que merecía”.
La hija leía aquellas historias por la noche, y si alguna le gustaba depositaba una rosa sobre el cuaderno.