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Mostrando entradas de septiembre, 2016

El perro

EL PERRO empezó a gemir y aullar, sobre todo por las noches, que rasguña la puerta como intentando salir. Mi esposa me dijo que este animalito puede ver fantasmas, y me habló de cuestiones relacionadas con un sexto, séptimo y hasta octavo sentido, y que todo eso lo tiene nervioso. Tanto así que el perro ya ni come, por más que lo incitamos. Solo le da por ladrar y ladrarnos hasta que, rendido por el cansancio, se echa a dormir. Le dije a mi esposa que de haber sabido el problema que nos daría, también lo hubiera matado a él.

Palabras como puños

CIERTA noche, alertado por ladridos, gritos y el llanto del bebé, un curioso se acercó a la casa y se asomó por la puerta que estaba a medio cerrar. “¡¿Qué le pasó, vecina?!”, preguntó el hombre al ver a la mujer con los labios partidos y el ojo hinchado. “Vecino -dijo el marido- le juro que no le he pegado. Nunca lo he hecho. Así que no sé de dónde le vienen esas marcas y heridas. De seguro se las hace ella misma, para perjudicarme. Es una mentirosa”. Y de la nariz de la mujer salta un chorro de sangre.

Cambio de planes

CRUCÉ donde no debía y me atropellaron. El impacto fue torpe y débil, pero lo suficiente para reventar la botella de vino que escondía entre mi ropa, empapándome de alcohol. “No puedo volver a mi casa así -le dije al conductor-. Atropélleme otra vez, pero ahora asegúrese de romperme un hueso”. Me miró desconcertado. “Tranquilo, solo déjeme una herida grave para que mi familia se olvide o pase por alto el hecho de que volví a tomar”. El hombre se echó temblando hacía atrás y se fue. Yo me quedé acostado en el suelo a la espera del próximo vehículo.

La caja

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MI PAPÁ se empeñó en asegurarme que, dentro de una caja, él guardaba cosas fantásticas. Y siendo yo niño, me lo terminé creyendo. “Los colores del arcoíris”, “el canto de los grillos”, “la estela de una estrella fugaz”. Pero como me tenía prohibido abrir la caja hasta el día que decidiera regalármela, mi interés, rápidamente, se fue apagando, por mucho que me dijera que adentro se desarrollaban guerras, conspiraciones o festivales. Convencido de su locura, de hecho una vez hasta lo hice callar, y fui a su dormitorio, y saqué la caja, y la abrí frente a él: habían libros. 

Imagen ©Fuente

En toda familia hay un tabú

ORDENAR y limpiar el patio en familia, fue de ensueño. Para otros será salir de vacaciones, pero para ellos, esta muestra de cotidianidad, les significó una paz gratificante. Un borrón y cuenta nueva necesario. Años que no se unían para nada; años tóxicos, conflictivos, de resentimientos, los cuales se vieron reflejados cuando, entre la basura, apareció el cuerpo de una mascota que habían dado por perdida. Estaba en una caja, tapada en cal. Uno de ellos la había matado, pero nadie se atrevió a preguntar quién ni por qué. Como dije, antes eran muy vengativos. 

Esa tarde almorzaron en silencio.

La gracia

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-PADRE, se lo suplico, absuélvame, no me haga volver mañana. Tiene que darme su perdón. Libéreme. Quiero descansar. -No. -He venido por tres años a confesar mi pecado. Soy puntual, rezo, hago penitencias. -No es suficiente.  -¡¿Y qué más quiere?! ¿No le aburre esta historia? -No. Cada vez que me la cuentas es como la primera vez. -Mire, lo que le hice a su hermana fue en un arrebato irracional, me enceguecí, me equivoqué. Pero usted me hace daño a propósito. Usted es diabólico. Usted no es un hombre de Dios. -No me importa. -¿De qué me sirvió suicidarme entonces?

Imagen ©Fuente

La perrita

ATROPELLÉ a una perrita. Nada grave, aunque igual la llevé a la veterinaria. Aquí viene lo grave: me flechó apenas nos saludamos. Para mi suerte, me pidió que la siguiera trayendo, para ver cómo evolucionaba. Y asistí puntualmente, sonriente, perfumado, durante días. Naturalmente la perrita fue mejorando, hasta que ya no necesitó más atenciones médicas. Pero no. Ayer la golpeé con un palo, encontrando así la excusa para volver donde mi veterinaria. Qué le voy hacer: la amo. Y sospecho que el sentimiento es mutuo, porque la perrita hoy se puso a vomitar y prometo que yo no la envenené.