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Mostrando entradas de abril, 2016

¡Feliz cumpleaños, mamá!

-MIRA -saca un collar- el regalito que le tengo a mi mamá. Llegué por atrás, y ¡paf! se lo robé a una vieja. Salí disparado, me perdí fácil, la señora ni se enteró. -Tanto tiempo en la misma mierda... ¡Me encantaría verte preso!
Minutos después, aparece mi mamá. Pálida, temblorosa.
-¡Me robaron el collar!
Mi hermano empuña el collar con fuerza tras su espalda. Yo lo tomo, despacio, y lo escondo en mi bolsillo.
-Qué pena más grande, mamita -le dice. Y ocurre un milagro. Un regalo inolvidable. Se acerca y, luego de años, la abraza. Y llora. Verdaderamente llora.

Algo significativo para olvidarlo todo

TANTO insensible junto, conversándole puras trivialidades. Creían hacerle un favor al distraerla de esa manera, pero ella necesitaba algo significativo para olvidarlo todo, empezando por su enfermedad. Su mejor amigo lo sabía, razón por la cual la tomó en brazos y, amenazando a medio mundo con un arma de juguete, salieron del hospital.
Afuera, un sol de mediodía delicioso. Y cuando pasaron muy cerca de la playa, la brisa marina la sumió en ensoñaciones. Y soñó: soñó que era una gaviota y que volaba. Olvidó que iba en el regazo de su amigo. Lo olvidó todo, empezando por su enfermedad.

El tipo más generoso del mundo

DURANTE el sexo, mi novia se convierte en una mantis religiosa. Es por eso que le he hecho el amor solo una vez: para seguir vivo a su lado tantos años como sea posible. Con mi cabeza intacta sobre los hombros. El gran problema, es que debo seguir complaciéndola. Y como la amo mucho como para cometer el crimen de separarnos, es que de vez en cuando traigo a casa a uno que otro macho desinhibido. Amigos no me quedan por lo mismo. Todos han muerto maldiciéndome, pero eso no quita que yo sea el tipo más generoso del mundo.

El buen hijo

AL TEMPORAL, se nos suma un corte de agua. Y luego, lo de siempre: otra discusión. Esta vez sobre cómo racionar el agua que juntamos en baldes. Porque si hay algo seguro, es que para cada problema mis papás proponen una solución distinta.
Solo en una cosa siempre están de acuerdo, y es que al momento de dormir lo hacen abrazados. Aquí no hay otra visión más que la compartida desde hace décadas. Es por eso que no tardo en ofrecerles té apenas comienzan a pelear. Y lo bueno, es que nunca sospechan el que les dé sueño de pronto.

Ciertos anclajes

HA LLORADO mucho, gran parte de su vida, por lo que ahora no deja de hacerlo ni aun cuando su sueño de ver por fin realizados a sus hijos, su casa mejorada, de ver a su familia junta, pudiera brindarle la mayor de las felicidades.
-Entonces mamá, ¿por qué sufre? -Qué bonito está el día, a pesar de que amaneció nublado. Y considerando que estamos en pleno invierno, hoy parece primavera. ¿Cuánto más crees que va a durar este buen clima? -Mamá, me preocupa más usted. Dígame, por favor, ¿por qué está llorando? -No lo sé hijo, no lo sé.

Los desaparecidos

TENÍA ganas de pasear, por lo que, sin darme ni cuenta, crucé la ciudad. Y continué. Recorrí viñedos, laderas, ríos entre cerros poblados por árboles, frutos y animales. Pasé por pueblecitos, muchos de ellos abandonados. Luego el paisaje me desorientó: cada bifurcación me conducía a sitios más extraños. Quería regresar pero no sabía cómo. Hasta que, en un páramo, divisé a una multitud de personas. Me dijeron que llevaban años perdidos. Que cada uno, por su lado, un día echó andar y no volvió más. Y que todos llegaron aquí, a este lugar, de donde creo no me iré nunca.

No demostré ser su mejor amigo

LE PROPINARON dos patadas para apartarlo de la perrita que intentaba preñar. Me sorprendió tanto el descerebrado que perpetró el abuso, como mi propia cobardía. Al perro lo conozco de cachorro, y me duele recordar cuán indiferente fui. Más considerando que es el mismo can quien no me deja olvidar: porque desde entonces a donde voy me sigue: y no por comida o mendigar caricias, ya que ambas cosas me las rechaza. Solo me sigue.
A veces, cuando me asomo por la ventana, lo veo mirándome desde el otro lado de la calle. No sé qué quiere, pero me atormenta.

Juan Pérez

QUE LA VIDA le pueda cambiar de un momento a otro, es cierto pero improbable: años en el mismo trabajo, mismos amigos, mismos quehaceres. ¿Dónde, en qué parte la vida cambia de un momento a otro? Totalmente desesperado, salió sin paraguas, corrió hasta espantar a las palomas, gritó, lo miraron feo, pero no pasó nada: intenta todo para que la vida le cambie de un momento a otro, pero nada. Hasta que encontró un paquete sobre el banco. Rarísimo. Se acercó, lo abrió, ¡y ahora sí que!... 
Perdón, ¿qué dices?
No, mi protagonista me informa que ahí tampoco pasó nada.

Nadie guarda silencio

POR ESO fui mejor preparado al cine. Para sentirme bien recibido (antes me habían echado a patadas por pedir que se callen) llevé cerveza: no tanta, pero suficiente para ponerlos de buen humor. Con el ánimo arriba, el banquete se organizó entre risas, ladridos y los clásicos llantos de bebé. Era como una orgía de Calígula, pero familiar. ¡Hasta me hice de amigos en el proceso! Ahora sé para qué vamos al cine: comer, conversar, sociabilizar. De hecho conocí a una niña. Así que apenas terminó la película, que ni supe de qué se trataba, la invité a mi cama.

Un caso bestial

PARTE de una caravana con animales que se dirigía a una granja, volcó cuando pasaba por delante del Congreso. Burros y cerdos lograron escapar, los muy condenados, adentrándose violentamente al simposio. Como si supieran cómo camuflarse, bomberos y policías nos tuvimos que ver en la difícil tarea de saber a qué animales capturar, sin cometer el inocente descuido de confundirlos con los honorables políticos. Pero como se podrá adivinar, la misión, dado su carácter épico, nos sobrepasó. Así que los encerramos a todos a la espera de los zoólogos, quienes sí sabrían reconocer las sutiles diferencias entre unos y otros.