El teléfono

RESCATÓ un viejo teléfono de su infancia, cercano al medio siglo de antigüedad,  y lo colocó junto a la cama como mero elemento decorativo. Esa misma noche lo llamaron. Y no una, sino varias veces. Asombro, inquietud, angustia. Sin estar conectado, sonaba con un asedio cada vez más extenso, incrementando la desesperación del único habitante de la casa. El anciano sabía que debía actuar a pesar del pánico, y atender pronto ese teléfono en desuso para acabar con la tortura auditiva.

"Aló", susurró entre temblores. Al otro lado de la línea alguien gritó emocionado: "¡Por fin, por fin, tanto tiempo!".

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