Todos los del pasaje

LLEGÓ Rafael al modesto barrio de la periferia: un pasaje de diez casas, bien mantenidas, lindos jardines, bulliciosas de noche, aunque siempre desierta la calle: ambiente idóneo para su espíritu antisocial. Solo Gladys se veía por ahí, única vecina que saludó a Rafael cuando arribó. Meses después la policía vino por su cadáver, fallecida días atrás. ¡Pobre abuelita Gladys!

-Tanto tiempo y nadie supo de su muerte, ¡qué insólito! -comentó Rafael al oficial.
-¿Insólito? Ella era la última persona con vida de este pasaje maldito.
-Imposible, yo también vivo aquí.
-¿Sí? Bueno, entonces usted pasó a ser el último ahora.

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